{"id":5787,"date":"2019-09-23T18:39:23","date_gmt":"2019-09-23T21:39:23","guid":{"rendered":"https:\/\/dunia.cc\/?p=5787"},"modified":"2026-03-05T16:49:52","modified_gmt":"2026-03-05T19:49:52","slug":"como-mirar-el-nuevo-reparto-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dunia.earth\/es\/como-mirar-el-nuevo-reparto-del-mundo\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo orientarse en el nuevo reparto del mundo?"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un nuevo reparto del mundo est\u00e1 en marcha. Tanto si se realiza en la superficie en rotundas colisiones o en corrimientos subterr\u00e1neos menos perceptibles, muchas relaciones de poder e interdependencias son afectadas por este movimiento de fondo, cuyo significado y manifestaciones hemos de aclarar. Esta transici\u00f3n no deja de volver a poner en un primer plano las inercias y las claves de comprensi\u00f3n que usamos para descifrar los asuntos globales. \u00bfDeber\u00edamos prepararnos para un mundo \u201ciliberal\u201d y neonacional, dando la espalda a la globalizaci\u00f3n, en el cual la bipolaridad China-Estados Unidos suceder\u00e1 a la hegemon\u00eda del \u201cglobalismo unipolar\u201d? \u00bfEl enfoque multilateral y el derecho internacional quedar\u00e1n relegados a un segundo plano, como el \u201cpariente pobre\u201d de una gobernanza mundial de m\u00ednimos, conservadora por naturaleza y dirigida sobre todo por el baile hobbesiano de las potencias? M\u00e1s all\u00e1 de la cacofon\u00eda medi\u00e1tica y el esp\u00edritu de la \u00e9poca, \u00bfc\u00f3mo comprender las nuevas manifestaciones, muy a menudo fragmentadas, de los desarrollos mundiales, y c\u00f3mo darles sentido?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La permanencia de una arquitectura mundial<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras los per\u00edodos de reconfiguraci\u00f3n suelen ser sin\u00f3nimo de dispersi\u00f3n, o incluso de confusi\u00f3n de las br\u00fajulas perceptivas, este primer cuarto del siglo XXI resulta particularmente rico en agitaci\u00f3n. La \u201cera de los extremos\u201d y el \u201csiglo XX corto\u201d, como los describi\u00f3 el historiador Eric Hobsbawm, supuestamente hab\u00edan terminado con los grandes peligros ligados al totalitarismo, las ideolog\u00edas y los conflictos fratricidas. El primer cuarto del siglo XXI nos muestra que la caja de Pandora est\u00e1 lejos de cerrarse \u2013a excepci\u00f3n quiz\u00e1s del totalitarismo\u2013 y que otras amenazas vienen a sumarse a las anteriores. Lo nacionalista parece haber atravesado la historia de una manera m\u00e1s s\u00f3lida, \u00edntimamente entremezclado con pasiones ideol\u00f3gicas y religiosas. El crecimiento econ\u00f3mico cada d\u00eda muestra un poco m\u00e1s su inviabilidad en el sistema social (desigualdades end\u00e9micas) y ecol\u00f3gico mundial, presagiando colapsos a corto y mediano plazo, de escala y naturaleza diferentes.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista geopol\u00edtico, en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas se ha visto c\u00f3mo las heterogeneidades mundiales se han ampliado un poco m\u00e1s \u2013aunque se ha logrado un progreso indiscutible en la consolidaci\u00f3n de los Estados y la reducci\u00f3n de la pobreza\u2013 con una constelaci\u00f3n de Estados que oscilan de democr\u00e1ticos a autoritarios, de muy ricos a muy pobres, de muy d\u00e9biles a muy poderosos. Frente a estas heterogeneidades, incluidas tambi\u00e9n las de las percepciones y los intereses estrat\u00e9gicos, y dado el nuevo contexto que resulta de su interdependencia, ninguna gran potencia ha sabido a\u00fan proyectar hacia adelante y en nuevos t\u00e9rminos la arquitectura de la seguridad colectiva y la gobernanza mundial. En otras palabras, el sistema internacional todav\u00eda est\u00e1 conformado por esquemas forjados en relaciones de poder del pasado (lo cual, en s\u00ed mismo, no es necesariamente un problema), en marcado contraste con los retos y desequilibrios contempor\u00e1neos que requieren nuevos tipos de arreglos.<\/p>\n<p>En el centro de este panorama est\u00e1n el fr\u00e1gil sistema de la ONU y especialmente Estados Unidos, potencia impulsada una vez m\u00e1s al primer plano del escenario mundial en 1989 y la \u00fanica que confront\u00f3 realmente la cuesti\u00f3n de la estabilidad global, los cuales decidieron resolver este dilema cediendo a la tentaci\u00f3n imperial y a la reducci\u00f3n de las heterogeneidades a trav\u00e9s de la uniformizaci\u00f3n pol\u00edtica. Para bien y para mal y por el sesgo perceptivo de su cultura estrat\u00e9gica, la pol\u00edtica estadounidense se estructur\u00f3 en torno a una dominaci\u00f3n hegem\u00f3nica, basada en su inmenso poder e imponiendo su preeminencia a un mosaico m\u00e1s o menos an\u00e1rquico de entidades nacionales.<\/p>\n<p>A fin de cuentas, la gobernanza del mundo, hoy convertida en un todo mucho m\u00e1s vasto que la suma de los poderes nacionales y transnacionales, parece todav\u00eda ser prisionera de los principios establecidos en los albores de los tiempos por Kautilya, Tuc\u00eddides, Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles. Entre las relaciones de poder, el ideal movilizador y la organizaci\u00f3n pol\u00edtica, el primer principio persiste en su rol de tim\u00f3n de la nave planetaria, con un rumbo fijado esencialmente hacia la b\u00fasqueda de seguridad y poder.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El viraje geopol\u00edtico y perceptivo de las \u00faltimas d\u00e9cadas<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>M\u00e1s cerca de la realidad del terreno y por debajo de este panorama muy general, los desarrollos de los \u00faltimos veinte a\u00f1os tienen el m\u00e9rito de haber actualizado algunas percepciones hegem\u00f3nicas, a veces sobrevaloradas y tomadas como ciertas. Volvamos brevemente a los hechos para contextualizar el esp\u00edritu de la \u00e9poca y la forma en que se estructuran las mentalidades. La superpotencia estadounidense hab\u00eda instalado en la posguerra fr\u00eda el horizonte de un mundo unipolar, arbitrado y asegurado por Washington, cuya proyecci\u00f3n se basaba, en la l\u00ednea moralista de Wilson, en un proselitismo democr\u00e1tico y liberal con vocaci\u00f3n universal. Sin embargo, esta percepci\u00f3n, forjada muy fielmente en la cultura estadounidense, resisti\u00f3 poco ante los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, la guerra de Iraq de 2003 y la crisis financiera de 2008. Estos tres sucesos materializaron, uno a uno, los l\u00edmites de la uniformizaci\u00f3n cultural, la desregulaci\u00f3n neoliberal y la arrogancia imperialista inculcada en la promoci\u00f3n de la democracia y el estado de derecho. Mientras muchos se alarman por la erosi\u00f3n actual del derecho internacional, vale la pena recordar que es parte de una ofensiva ideol\u00f3gica dirigida a la represi\u00f3n por parte de la URSS de que se difundan los derechos humanos a partir de 1977, los cuales han sido practicados por Washington y muchos de sus aliados bajo un doble est\u00e1ndar y un motivo estrat\u00e9gico ulterior. Sin quitarle nada de validez al derecho que hasta la d\u00e9cada de 1990 fue la punta de lanza de los transformadores del sistema internacional, este precedente tiene el m\u00e9rito de subrayar el valor pol\u00edtico-ideol\u00f3gico de las normas y el contexto en el que se ejercen.<\/p>\n<p>En el mismo per\u00edodo, bajo la influencia estadounidense o europea, las instituciones multilaterales se vieron apartadas o deterioradas cuando se mostraron contrarias a los mandatos de unos Estados Unidos que fusionaban expresamente la unificaci\u00f3n y la homogeneizaci\u00f3n de las diferencias (imposici\u00f3n de la democracia liberal), la desintegraci\u00f3n comunitaria y la desnacionalizaci\u00f3n (injerencia y erosi\u00f3n de las unidades nacionales). Los pa\u00edses (re)emergentes \u2013aquellos que fueron potencias formidables en el siglo XVIII (China del Imperio Qing, India mogol, Ir\u00e1n saf\u00e1vida, Imperio otomano)\u2013 continuaron con su recuperaci\u00f3n en silencio, afirmando su dinamismo econ\u00f3mico y demogr\u00e1fico as\u00ed como su modo de inserci\u00f3n contestatario. De esta contradicci\u00f3n, pero especialmente de la ilusi\u00f3n de omnipotencia que el bloque atlantista infundi\u00f3 en un escenario mundial infinitamente m\u00e1s complejo de lo que la lente cegadora de la superpotencia permit\u00eda ver (a lo cual los neoconservadores contribuyeron magistralmente en la \u00faltima fase), nace gradualmente un discurso alternativo, divergente de un orden excesivamente idealista y universalizador. Primero se materializ\u00f3 en torno a la noci\u00f3n de antiglobalizaci\u00f3n y luego de un \u201cmundo multipolar\u201d, estimulado por el surgimiento econ\u00f3mico de los BRICS (y otros grupos, como el MINT), dejando surgir la idea de que las nuevas econom\u00edas ten\u00edan voz voto y que la pol\u00edtica y el derecho pod\u00edan diferir del modelo occidental.<\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica, los pa\u00edses (re)emergentes han tenido un discurso contestatario sobre el orden global y el predominio occidental, apropi\u00e1ndose de las herramientas de la globalizaci\u00f3n y el capitalismo que constituyen los motores concretos de su retorno en potencia. En el extremo de este discurso alternativo recientemente se ha desarrollado una narrativa conspirativa, o incluso \u201cfascista\u201d, que encuentra receptividad en los esp\u00edritus esc\u00e9pticos, nost\u00e1lgicos, humillados o antisistema, ya sean cristianos europeos, supremacistas blancos, \u00e1rabe-musulmanes, ciudadanos cr\u00edticos o militantes radicales (de derecha o de izquierda), incluso dirigentes de la ola \u201cpopulista\u201d (t\u00edpicamente Trump, Erdogan, Bolsonaro, Maduro, Orban, Salvini). Extrae gran parte de su sustancia del resentimiento de los perdedores o los vencidos de la globalizaci\u00f3n, es decir, de las sombras proyectadas por una globalizaci\u00f3n no igualitaria, juzgada a la luz de las injusticias y las fuerzas olig\u00e1rquicas que la instrumentalizan para su beneficio. En esta corriente de opini\u00f3n, las heterogeneidades, los neoconservadores, el multilateralismo, as\u00ed como el deber de injerencia (originalmente creado para prevenir la violencia contra las poblaciones civiles), se convierten a su vez en supuestos fines imperialistas. Lo mismo ocurre con las nociones de globalizaci\u00f3n econ\u00f3mica, de democracia, de ONG y de responsabilidad de proteger, que vienen a alimentar las variantes de este caldo de cultivo. Excepto que, en los hechos, la postura complaciente consistente en recurrir al argumento victimizador y conspirador, planteado como una nueva variable para explicar las amenazas posibles o sufridas, funciona y se aferra al nuevo esp\u00edritu de la \u00e9poca. En el \u00e1mbito de los medios y las mentalidades, esta postura tambi\u00e9n contribuye a desvalorizar y encoger \u2013mediante piruetas epistemol\u00f3gicas como la relativizaci\u00f3n, el whataboutism, la estigmatizaci\u00f3n, el manique\u00edsmo, sin mencionar la manipulaci\u00f3n directa\u2013 el campo de la percepci\u00f3n de los desarrollos globales. Estas posturas ahora forman parte integral de las herramientas metodol\u00f3gicas movilizadas en los flujos de desinformaci\u00f3n.<\/p>\n<p>M\u00e1s cerca de nuestro tiempo, el fiasco general de la \u201cguerra por elecci\u00f3n\u201d en el Medio Oriente, la contrarrevoluci\u00f3n del mundo \u00e1rabe desde 2010, seguida por el ca\u00f3tico derrocamiento en Libia en 2011 y el episodio ucraniano, ampliaron a\u00fan m\u00e1s la brecha entre la realidad disruptiva y el idealismo de una pax americana. Al final, fue este resultado ambivalente el que permiti\u00f3 a Bashar al-\u00c1sad en Siria escapar del destino que conoci\u00f3 su vecino iraqu\u00ed en 1991. Con la ayuda militar relativamente limitada de Rusia, sin olvidar a Ir\u00e1n y las milicias chi\u00edtas de la subregi\u00f3n, el conflicto sirio ha vuelto a poner los cr\u00edmenes de guerra en primer plano, ante la impotencia del \u201csistema internacional\u201d para intervenir en un escenario ca\u00f3tico, dentro de un contexto de propaganda en red que explota h\u00e1bilmente las sensibilidades bloqueadas por los desaciertos del intervencionismo imperial y de la guerra maniquea contra el terrorismo. A partir de entonces, el horizonte de un orden multipolar no solo se ha convertido en sin\u00f3nimo de reequilibrio geoecon\u00f3mico. Abri\u00f3 el camino, como despu\u00e9s de la tensi\u00f3n este-oeste, a la expresi\u00f3n de nuevas tensiones regionales y record\u00f3 que la violencia b\u00e9lica r\u00e1pidamente retoma el galope cuando el reclamo de poder, la desestabilizaci\u00f3n regional y el vac\u00edo de seguridad se topan con un largo per\u00edodo de prosperidad multilateral y cooperaci\u00f3n econ\u00f3mica que hacen alarde de democracia.<\/p>\n<p>En materia de intercambios, sigui\u00f3 cuestion\u00e1ndose el consenso neoliberal \u2013incluyendo la predisposici\u00f3n a la apertura y la libre circulaci\u00f3n de personas\u2013 incluso en los pa\u00edses fundadores: en 2016, en el Reino Unido con el Brexit y en los Estados Unidos con un Donald Trump aparentemente aislacionista. En la pr\u00e1ctica, ante los signos muy claros de su relativo declive, el imperium estadounidense busc\u00f3 restaurar su supremac\u00eda a trav\u00e9s de una diplomacia virulenta y por su imperio de la ley, proyectando su extraterritorialidad sobre el resto del mundo con violencia cada vez mayor. Prueba de ello es, desde 2016, el cortocircuito de las instituciones multilaterales, el mercantilismo bilateral y el chantaje con geometr\u00eda variable ejercido con muchos socios internacionales. Para ello, Washington pudo apoyarse en una Europa dispuesta a acatar que, sin visi\u00f3n ni voluntad, no encontr\u00f3 los medios para alejarse del conformismo euroatlantista y profundizar su proyecto unificador. Es cierto que la Uni\u00f3n Europea y algunos de sus miembros han avanzado positivamente hacia la percepci\u00f3n de los intereses comunes, anticipando un posible despertar geopol\u00edtico. Pero, por otro lado, los veintiocho miembros avanzan en filas dispersas, con algunas de sus bases sociales en oposici\u00f3n al proyecto europeo y en manos de los captadores de frustraci\u00f3n. En el fondo, China, para quien Europa se ha convertido en un objetivo estrat\u00e9gico capaz de contrarrestar la influencia estadounidense, ha forjado alianzas con Grecia, Italia, Alemania y todos los pa\u00edses de Europa del Este.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La creciente bipolaridad Pek\u00edn &#8211; Washington<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Precisamente, en la sombra de los radares medi\u00e1ticos y con un retraso perceptivo de varios a\u00f1os, China est\u00e1 formando una nueva pareja geopol\u00edtica con los Estados Unidos, con aspiraci\u00f3n imperial y una din\u00e1mica capaz de estructurar un nuevo orden internacional. Mal que le pese a la creencia tranquilizadora en un mundo multipolar, el tablero de ajedrez actual est\u00e1 muy lejos del de la Europa del Tratado de Westfalia de 1648, en el que potencias regionales homog\u00e9neas, el d\u00eda despu\u00e9s de las guerras de religi\u00f3n, renunciaron a la expansi\u00f3n de su poder y acordaron conformar un equilibrio de estabilidad (en torno a algunos principios innovadores que hoy perduran). Por el contrario, ni Estados Unidos ni China \u2013ni ning\u00fan otro de los pa\u00edses candidatos\u2013 emiten por el momento se\u00f1ales de aprehender este momento de inflexi\u00f3n geopol\u00edtica para trabajar sobre la base de un r\u00e9gimen mejor adaptado a la estabilidad global. En teor\u00eda, no est\u00e1 prohibido imaginar en el futuro que un grupo de tres o cuatro potencias, completando sus ajustes, puedan organizar los equilibrios regionales a su alrededor y converger a nivel mundial en principios de estabilidad y as\u00ed configurar una especie de esquema neo-westfaliano. Pero, por ahora, el escenario global es demasiado dispar como para aplicar este sistema, el cual fue dise\u00f1ado a escala europea. Sobre todo considerando que las principales potencias regionales hoy persiguen ante todo una agenda orientada hacia su ascenso nacional, con percepciones de las prioridades y cuestiones estrat\u00e9gicas extremadamente variables entre ellas.<\/p>\n<p>En otras palabras, Pek\u00edn y Washington no se encuentran en el estadio de un G2 emancipador del statu quo mundial. Sus intereses son contradictorios, al mismo tiempo rivales en el plano estrat\u00e9gico (excepto en asuntos particulares como Corea del Norte, por ejemplo) y parcialmente complementarios en materia de cooperaci\u00f3n econ\u00f3mica. Las \u00faltimas dos d\u00e9cadas tambi\u00e9n han visto una multipolaridad centr\u00edfuga del tablero geopol\u00edtico que incita a los dos gigantes a explotar su poder\u00edo para estabilizar \u201cdesde arriba\u201d un orden interestatal en dispersi\u00f3n. Como consecuencia de este desarrollo, muchos pa\u00edses grandes y medianos hoy son conminados, por influencia, presi\u00f3n o chantaje, a posicionarse como socios, clientes supletorios o vasallos, seg\u00fan su nivel de dependencia, en uno u otro polo de esta pareja en tensi\u00f3n creciente. Sorprendentemente, a pesar de las resistencias ret\u00f3ricas a estas presiones, el control ejercido por Estados Unidos y China funciona bien y es raro ver que se materialicen los medios para opon\u00e9rsele.<\/p>\n<p>Con un PIB chino que se ha multiplicado por ocho desde su ingreso en la OMC en 2001, el gigante asi\u00e1tico ahora compite por gran parte del poder mundial \u2013salvo la influencia cultural, los derechos y el \u201cpoder blando\u201d\u2013 e incluso en el campo de las normas (el ranking de universidades de Shanghai o los est\u00e1ndares de sostenibilidad son ejemplo). Estados Unidos, apuntalado en su posici\u00f3n hegem\u00f3nica, implementa una diplomacia realista ortodoxa, abiertamente dirigida a frenar la expansi\u00f3n china. Pek\u00edn, por su parte, inventa un imperium con \u201csolapas y guantes de terciopelo\u201d, envuelto en un relato de \u201cascenso pac\u00edfico\u201d. Su influencia se proyecta sin proselitismo y a trav\u00e9s de una pol\u00edtica de oferta no vinculante. Si bien se ha hablado mucho de la \u201cnueva ruta de la seda\u201d, sin que se hayan visibilizado algunas contrarreacciones, \u00bfse sabe hoy que la Marina china cada cuatro a\u00f1os pone en el mar el equivalente de la flota naval de Francia y que sus ambiciones mar\u00edtimas llegan hasta los oc\u00e9anos \u00cdndico y Pac\u00edfico?<\/p>\n<p>El modelo chino es apreciado por los Estados que favorecen un mundo multipolar y buscan una alianza de contrapeso en relaci\u00f3n con Estados Unidos. Pocos son los Estados que desean sustituir un imperialismo por otro, por lo que estas alianzas son ante todo t\u00e1cticas, algunas optando por apoyar circunstancialmente a China para ganar margen con respecto a Washington y viceversa. De hecho, Mosc\u00fa se acerca a Pek\u00edn al tiempo que teme obsidionalmente el expansionismo chino en el Lejano Oriente y dirige sus nuevos sistemas de defensa (Kalibr 9M729) hacia China (no a Polonia y la OTAN). Los Estados ribere\u00f1os del Mar del Sur de China, como Filipinas y progresivamente Tokio, eligen negociar con Pek\u00edn en forma bilateral. India opt\u00f3, a pesar de todo, por acercarse a su gran rival. Por \u00faltimo, la oferta china se dimensiona en Am\u00e9rica Latina (multiplicaci\u00f3n por 24 de las inversiones chinas entre 2000 y 2011), en \u00c1frica o en Europa mediterr\u00e1nea y balc\u00e1nica con una prodigalidad tan generosa como inusual.<\/p>\n<p>De un nuevo tipo, imperfecta, dominada por el momento por Washington en un binomio a la vez rival y complementario, esta bipolaridad en germen inspira un reposicionamiento de las alianzas y lealtades siguiendo las l\u00f3gicas de dependencia e influencia. A diferencia del equilibrio durante la Guerra Fr\u00eda, que impon\u00eda un posicionamiento exclusivo y la captura por parte de uno de los dos bloques de las din\u00e1micas nacionales, permite relaciones no \u201ctotalizadoras\u201d que dan m\u00e1rgenes de libertad y superposici\u00f3n. De hecho, este orden en formaci\u00f3n no est\u00e1 exento de generar temores, puestos de relieve por la corriente de afirmaci\u00f3n nacional que ha surgido desde el final de la bipolaridad este-oeste y el retroceso de la gestualidad imperial. Desde Turqu\u00eda hasta Ir\u00e1n y desde Brasil hasta Rusia, pero tambi\u00e9n en Israel y el Reino Unido, existe una voluntad de proyecci\u00f3n y retorno: patri\u00f3tico o incluso nacionalista en los pa\u00edses emergentes m\u00e1s activos, voluntarista e idealizado en los pa\u00edses d\u00e9biles, temeroso y retra\u00eddo en las potencias occidentales en retroceso.<\/p>\n<p>En este orden h\u00edbrido, es importante tener en cuenta que el poder bruto ya no tiene el mismo impacto y que est\u00e1 mutando. La coerci\u00f3n tiende a tropezar con el rechazo relativo del mesianismo y el hard power, de ah\u00ed el soft power y el rev\u00e9s narrativo de la \u201cascensi\u00f3n pac\u00edfica\u201d china. Por otro lado, la fuerza bruta se enfrenta a entornos complejos, menos predecibles y mucho m\u00e1s costosos para los beligerantes, con formas de propagar la violencia que van de lo local a lo global. Los ejemplos de Siria como un conflicto globalizado, Iraq y otros pa\u00edses \u00e1rabes lo demuestran. Agreguemos que, desde 1945, la superioridad de los pa\u00edses occidentales no es suficiente para ganar conflictos asim\u00e9tricos que adoptan formas irregulares y ponen las dimensiones sociopol\u00edticas e ideol\u00f3gicas en el centro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Un giro contestatario y la mutaci\u00f3n de la potencia<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para las \u00e9lites y, en general, para los intermediarios que enfrentan esta recomposici\u00f3n geopol\u00edtica, no hay nada visiblemente obvio para reinterpretar la fisonom\u00eda de las relaciones internacionales y hacer un aggiornamento conceptual y estrat\u00e9gico. La prueba m\u00e1s notable de esto es el cambio de opini\u00f3n contestatario que ha surgido recientemente ante una globalizaci\u00f3n entregada a sus m\u00f3viles econ\u00f3micos sin controlar la dimensi\u00f3n pol\u00edtica de la unificaci\u00f3n y el reequilibrio. Aqu\u00ed y all\u00e1 se levantan murallas a la vez conceptuales, simb\u00f3licas e identitarias. Es como si la reorganizaci\u00f3n din\u00e1mica estimulada por la globalizaci\u00f3n hubiera provocado en los \u00faltimos a\u00f1os un retorno a las categor\u00edas defensivas, conservadoras y maniqueas. Algunas corrientes ideol\u00f3gicas se aferran a marcos de pensamiento anacr\u00f3nicos o residuales (tercermundismo, antiimperialismo y estrategia del caos, antimilitarismo abstracto, soberanismo primario, restauraci\u00f3n imperial, etc.). La solidaridad entre los movimientos sociales y las luchas sociopol\u00edticas acusan tambi\u00e9n el golpe de esta confusi\u00f3n de g\u00e9neros. Uno de los casos m\u00e1s emblem\u00e1ticos es el conflicto sirio, donde vemos c\u00f3mo estas proyecciones ideol\u00f3gicas se entrelazan sobre una realidad que en gran medida se aparta de las simplificaciones.<\/p>\n<p>En este contradiscurso, que sigue los pasos de la antiglobalizaci\u00f3n iniciada en la d\u00e9cada de 1990, se cruzan movimientos que afirman ser islamistas militantes, agrupaciones soberanistas, anticapitalistas o nost\u00e1lgicos de la \u00e9poca de los imperios. Estas corrientes a veces se materializan en una convergencia \u201croja-marr\u00f3n\u201d, llamada as\u00ed haciendo eco de reconfiguraciones similares del per\u00edodo de entreguerras. Estos movimientos de opini\u00f3n deben ser tomados en serio. No provienen solamente de la manipulaci\u00f3n de las sensibilidades, pero prolongan una crisis de imaginarios que se elabora en el vac\u00edo de los sufrimientos identitarios y la debilidad de las respuestas que los movimientos emancipatorios pudieron aportar. De hecho, si bien estos movimientos existen, permanecen por el momento en una etapa preliminar, sin elaboraci\u00f3n integral ni concreci\u00f3n en profundidad. Pocos pueden pretender hoy oponer una alternativa a la globalizaci\u00f3n neoliberal que exprese las aspiraciones socioambientales y la defensa de culturas, territorios de vida e identidades, sin ser de los que proyectan el rechazo del otro y disimulan un retorno al arca\u00edsmo detr\u00e1s del horizonte de reequilibrio del mundo.<\/p>\n<p>Para otras corrientes, la bipolaridad sinoestadounidense alimenta el horizonte de una salida de la dependencia de uno de los dos polos o, a la inversa, la tentaci\u00f3n de fusionarse en uno u otro modelo. En principio, el mundo interconectado de hoy requerir\u00eda que los Estados soberanos tengan capacidad de conducir y mostrar iniciativa, generar ideas y ejercer influencia, sacar partido de los marcos regionales interpretando las relaciones de poder inteligentemente y promover normas internacionales que apunten a predecir y contener las crisis. La soberan\u00eda \u201cprimaria\u201d, que coincide con las fronteras territoriales, ya no existe m\u00e1s y est\u00e1 claro que el ciclo actual no se caracteriza por medidas de iniciativa progresista. De manera muy esquem\u00e1tica, China sigue tan a mitad de camino en esta relaci\u00f3n con la globalidad como Estados Unidos, estando la primera absorbida por sus desequilibrios internos y defendiendo especialmente el libre comercio como vector de su imperium, y el segundo acusando el golpe de sus asuntos internos y aligerando su papel geopol\u00edtico para reforzar su imperium en red (comercial, tecnol\u00f3gico, normativo, etc.). En los espacios vac\u00edos e intersticiales, los pa\u00edses emergentes se afirman, aprovechan su poder en formaci\u00f3n y desarrollan \u00e1reas de influencia regional, adoptando posturas m\u00e1s pragm\u00e1ticas y realistas. Pueden ser criticados a la luz de su arrogancia o distanciamiento del multilateralismo y los derechos. Sin embargo, tienen el m\u00e9rito de poner las relaciones de poder en el centro de un sistema internacional que nunca ha dejado de ser restrictivo y depredador para los candidatos a tener una participaci\u00f3n m\u00e1s activa en la diplomacia internacional.<\/p>\n<p>Otro giro perceptivo es una modificaci\u00f3n significativa de la mentalidad de la \u00e9poca en el sistema internacional. Se refiere al rechazo del deber de injerencia y la responsabilidad de proteger, en otras palabras, aquello que est\u00e1 relacionado directa o indirectamente con la solidaridad, el sobrepasamiento de la soberan\u00eda tradicional y la proyecci\u00f3n del poder bruto en el espacio mundial. Hasta 2011, todav\u00eda era concebible para algunos Estados \u2013no solo occidentales, como lo ilustra la injerencia actual en Ir\u00e1n, Arabia Saudita o Rusia\u2013 violar un mandato de la ONU y militar en la sombra o incluso abiertamente para perturbar la soberan\u00eda de un pa\u00eds m\u00e1s d\u00e9bil. Con el saldo militar de las cruzadas en Iraq y Libia (Yemen abre un nuevo cap\u00edtulo), la acci\u00f3n de injerencia en naciones debilitadas tiende a ser ineficaz y sospechosa desde el principio, al menos en lo que hace a enfrentarse a opiniones refractarias y nuevas formas de conflictividad (proliferaci\u00f3n de grupos armados y proxys en particular). Al mismo tiempo, el sobrepasamiento de las soberan\u00edas nacionales tropieza con reticencias en los procesos de integraci\u00f3n regional, como si las prioridades nacionales y las \u00e1reas de influencia se hubieran convertido en primordiales. Todo esto pone de relieve la necesidad de idear nuevos arreglos diplom\u00e1ticos capaces de atemperar el poder bruto, cooperar y articular las dimensiones pol\u00edticas y sociales. Pero, por el momento, estos experimentos son m\u00ednimos y contrastan con un tablero de ajedrez global que se desestabiliza, dando la posibilidad a algunas potencias regionales de aprovechar los desequilibrios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Adaptar nuestros marcos de lectura<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ante estos desarrollos y lo que Cornelius Castoriadis llam\u00f3 el \u201caumento de la insignificancia\u201d al notar el auge de la confusi\u00f3n en las sociedades de masas, se convierte en prioridad adaptar nuestros marcos de lectura, privilegiar un pensamiento din\u00e1mico y renovar la percepci\u00f3n de las culturas estrat\u00e9gicas que dan forma a estas transformaciones. En ausencia de un nuevo impulso emancipatorio, los observadores y los medios de comunicaci\u00f3n est\u00e1n en la primera fila de esta renovaci\u00f3n e incluso son parte interesada de estas alteraciones. Por un lado, los medios de comunicaci\u00f3n y la \u201ctiran\u00eda de la opini\u00f3n\u201d han modificado la geometr\u00eda de las relaciones internacionales, incluso en las autocracias que deben tenerlas en cuenta. Otros flujos de informaci\u00f3n han entrado ahora a competir con el reequilibrio pos-unipolar. Por otro lado, imprimen una gram\u00e1tica sem\u00e1ntica y temporal que tropieza con nuevas realidades. En tal sentido, los empresarios de la desinformaci\u00f3n son los primeros en desconfiar de los medios tradicionales para llenar los vac\u00edos y desarrollar sus propias lecturas.<\/p>\n<p>Cabe se\u00f1alar que est\u00e1n surgiendo algunas iniciativas<span id='easy-footnote-1-5787' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/dunia.earth\/es\/como-mirar-el-nuevo-reparto-del-mundo\/#easy-footnote-bottom-1-5787' title='Collectif pour un Nouveau Journalisme International (Colectivo para un Nuevo Periodismo Internacional), Geopragma, Intercoll, RealMedia, GlobalVoices.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> para abrazar este viraje hacia una mayor complejidad, realismo y pragmatismo. Vemos el surgimiento de redes de investigaci\u00f3n y de un periodismo m\u00e1s apto para arraigarse en las realidades locales y articularse globalmente, internalizando un trabajo cr\u00edtico sobre los filtros geoculturales e ideol\u00f3gicos. Aunque modestas, estas iniciativas no son menos fuertes porque transmiten una sensibilidad sobre esta nueva distribuci\u00f3n del mundo y los inmensos desaf\u00edos que esto implica. M\u00e1s que un simple cambio de perspectiva, probablemente se trata de forjar una nueva relaci\u00f3n \u00e9tica con el mundo, capaz de combinar m\u00e1s creativamente solidaridad, ideales y pragmatismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Un nuevo reparto del mundo est\u00e1 en marcha. Tanto si se realiza en la superficie en rotundas colisiones o en corrimientos subterr\u00e1neos menos perceptibles, muchas relaciones de poder e interdependencias son afectadas por este movimiento de fondo, cuyo significado y manifestaciones hemos de aclarar. 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