💡 Balance de etapa (septiembre de 2026)
Hace treinta años, la información empezaba su conquista de la economía mundial en el contexto victorioso —y relativamente estable— de la Pax americana.
La «era de la información» cambiaba las reglas del juego en materia de automatización de los procesos productivos y de servicios, así como en materia de comunicación e inmersión cognitiva de las sociedades.
La industria de la informática se alzaba entonces al podio de la industria mundial, mientras que el microprocesador entraba en una sinergia íntima con la materia, la energía y la inteligencia humana.
Al mismo tiempo, en los laboratorios surgían nuevos artefactos nanoscópicos, dando origen a interfaces bio-nanotecnológicas.
🔎 Nueva convergencia biociberfísica
La convergencia entre lo biológico, lo físico y lo informático es hoy un hecho. Esto marca el inicio de una nueva era «biopolítica», o si se quiere «biociberfísica», en la que el mundo vivo, así como ciertos elementos de la cognición humana, pueden conectarse en red con sistemas bionanotecnológicos.
El individuo y la organización colectiva ya no son solo diseñadores o usuarios en sinergia con un sistema computarizado. Su metabolismo biológico, social y cognitivo puede, a su vez, informatizarse. Una «Internet universal» (IoE) se encuentra ahora en ciernes.
🌍 Una multipolaridad engañosa
Esta agenda en expansión toma forma en un equilibrio geopolítico que ya no es el de hace unas décadas.
El clima internacional que siguió los pasos del ciclo de la «guerra contra el terrorismo» iniciado en 2001 es, en apariencia, el de un «regreso de las potencias», en un contexto de desmoronamiento de la Pax americana.
Sin embargo, una mirada no conformista indica que la multipolaridad es una ilusión óptica. El recrudecimiento de los conflictos observable desde hace algunos años se debe, ante todo, a una orquestación superestructural de las fricciones entre Estados, más que a una dispersión del poder. En otras palabras, las potencias se coordinan, bajo la apariencia de conflictos controlados, al menos en ciertos ámbitos, para transformar el tablero y forzar cambios estructurales.
En la práctica, el desplazamiento del centro de gravedad geopolítico hacia China e India da forma a una nueva Pax sino-americana, respaldada por la industria global a costa de la desestabilización y la desindustrialización de Occidente.
🛜 Dataísmo y algoritmos
Este enfoque de compartimentación aparente y de imposición es claramente visible en el ámbito «biociberfísico».
Durante los últimos diez años, la coproducción científica entre China y Estados Unidos en el sector de la inteligencia artificial y las biotecnologías ha superado a la del área euroatlántica.
En 2020, la COVID-19 alineó a todos los regímenes políticos en torno a una agenda biométrica implementada a escala planetaria, mucho más allá de los reflejos soberanistas y los particularismos nacionales.
Al mismo tiempo, el «dataísmo» —es decir, la acción política y administrativa automatizada mediante algoritmos— se va instalando aquí y allá en los engranajes de la gobernanza, al mismo tiempo que sus propios arquitectos lo caricaturizan como una nueva amenaza.
🎯 Los disparadores por venir
Esta era biopolítica se suma al entramado de crisis que se está gestando ante nuestros ojos, en particular desde la guerra entre Rusia y Ucrania.
Para bien o para mal, diversos países deberán ceder bajo el peso de la deuda soberana y de las crisis alimentarias, financieras y energéticas, cuyo inicio ya se puso en marcha.
Tanto la historia como la preparación actual de nuevos arreglos tecnológicos e institucionales indican que es muy probable que estas crisis se aprovechen como fuerzas desencadenantes.
La perspectiva que se perfila a mediano plazo es la de un endurecimiento del control y la predación de las personas y las sociedades, compatible con un marco de «gobernanza cibernética«.
🧭 Los marcos intelectuales en la mira
Dunia lo señaló el año pasado. Es innegable que las herramientas intelectuales encargadas de abordar este entorno se han vuelto obsoletas.
Los corpus tradicionales de inteligencia histórica, estratégica y económica ya no están a la altura —lamentablemente— de estos desafíos de mayor profundidad.
Peor aún, aceleran este movimiento al ignorar los escenarios invisibles y ratifican la compartimentación introducida con fines conflictivos en el sistema internacional.
En muchos aspectos, el salto perceptivo necesario para captar estas evoluciones es más factible a nivel de individuos con una trayectoria y una sensibilidad atípicas, más que en las organizaciones.
⚙️ Hoja de ruta
Dunia es, evidentemente, demasiado modesta para influir directamente en tales desafíos.
Sin embargo, su hoja de ruta incorpora estos elementos y los ha convertido en cuatro perspectivas de trabajo:
- Proporcionar a las organizaciones herramientas digitales e informativas que respondan a necesidades concretas, al tiempo que se previene el «dataísmo» imperante.
- Acompañar los avances y las innovaciones estratégicas de los actores en Europa, América Latina, África y Asia (a través de la capacitación, la creación de redes y la reflexión).
- Sentar las bases de una escuela de pensamiento geoestratégico 3.0, portadora de una relación renovada con la realidad.
- Incorporar más profundamente la gestión de riesgos y la resiliencia en los ejes mencionados y en la infraestructura digital.






