Texto presentado en el marco del Congreso de Relaciones Internacionales, Argentina (25, 26 y 27 de noviembre del 2026)
Introducción
Muchos observadores miran con atención lo que fue denominado desde principios del siglo XXI como el declive relativo de la hegemonía occidental y el advenimiento de un mundo multipolar1. Es un hecho que la supremacía consolidada durante los cinco últimos siglos por las potencias afines al orden capitalista liberal ha cambiado de geometría. Nociones tales como el “mundo post-occidental2”, el “orden mundial en transición3”, el “no alineamiento4”, o el “regionalismo post-hegemónico”5 dan cuenta de esta evolución en el ámbito académico desde hace dos décadas. En América Latina, esta evolución tiende a ser interpretada como una reformulación de la Pax americana, en sintonía con otras dinámicas del poder6, y marca el punto de partida de un nuevo periodo geopolítico.
Esta perspectiva conceptual, sin embargo, si bien contempla distintos fenómenos relacionados con la evolución de la globalización y la de la matriz de poder global, no incorpora – por lo menos hasta la fecha – otras bases fácticas esenciales que están relacionadas con un registro estratégico medular en la génesis histórica del continente: el de la conflictividad dialéctica. Este modo conflictivo, por definirlo por ahora esquemáticamente en clave regional, tiene que ver con la confrontación orquestada entre potencias por una misma superestructura de poder, con el fin de modelar sigilosamente un determinado espacio geopolítico y disimular la unidad programática subyacente. Se trata de un campo estratégico fundamental en la historia regional y global. Su expresión a nivel continental remite, entre otros elementos, al arte bélico del “dividir para reinar”, es decir a formas de instrumentalización del conflicto que fueron implementadas desde la conquista hispánica hasta las independencias a principios del siglo XIX7 y más adelante.
Una investigación más exhaustiva del campo histórico y geopolítico a nivel continental y global permite visualizar el despliegue de dicho esquema dialéctico en el hemisferio americano durante los cinco últimos siglos y en la actualidad. A raíz de esta lectura ampliada, el sustrato interpretativo se extiende considerablemente y renueva tanto la perspectiva histórica como la naturaleza de las dinámicas geopolíticas contemporáneas. El panorama disruptivo que se desprende resalta menos una transición pos-hegemónica o multipolar de poder que una nueva convergencia unipolar, cristalizada en el juego antagónico de China y los Estados Unidos.
La naturaleza política de China
Entender China es un primer hito disparador en esta reflexión ya que expone palmariamente la estructura que acabamos de introducir. Desde los años 1990, el surgimiento del país asiático traccionó un desplazamiento del centro de gravedad geopolítico hacia Asia y cambió la faz de la globalización al volverse una plataforma industrial desarrollada en todos los ámbitos tecnológicos y económicos8. Esta inserción en el grupo de las primeras potencias mundiales es tangible en muchos dominios. Marca un antes y un después en América Latina en términos de presencia comercial, financiera y estratégica, Pekín volviéndose el segundo socio comercial de América Latina alrededor del año 20109. China aparece ahora entonces como un actor emergente y además como un competidor capaz de cuestionar el orden internacional arbitrado desde 1945 por los Estados Unidos.
Las entrañas y la génesis histórica del gigante asiático indican, sin embargo, una realidad muy distinta. A nivel político, la creación de la primera República de China en 1912 es inseparable de un derrocamiento de su dinastía imperial coordinado por Gran Bretaña y otras potencias europeas. En efecto, China pasó a ser en 1911 una nación subordinada al establishment europeo, y en particular a las élites británicas. Esta subordinación, consustancial al nacimiento de la primera República China, fue disimulada, inclusive en la sociedad china misma, y se convirtió en una estrategia dialéctica pivoteando sobre una doble lógica. Implementó por un lado un flujo de fricciones de carácter más o menos superficial con los rivales occidentales y, por otro, un alineamiento estructural del aparato chino con la agenda británica.
Más en detalles, la formación de la primera base republicana en China fue precipitada por el derrocamiento de la dinastía Qing, en 1911, a manos de las Tríadas10. Éstas, junto con otras entidades criminales tales como los Hakkas, se constituyeron durante el siglo XIX como un brazo paramilitar de Gran Bretaña y como instrumento de distribución de opiáceos orquestado por el ex primer ministro británico Henry John Temple (o Lord Palmerston), descendiente de las altas dinastías británicas. El objetivo de esta ingeniería subversiva, encubierto mediante el velo ideológico del libre comercio11, era socavar la unidad tradicional de China mediante la adicción a las drogas a gran escala. El comercio estupefaciente fue iniciado en China alrededor de 1715, en combinación con una presión bélica ejercida con el apoyo de Francia sobre los puertos chinos durante el siglo XIX. El dirigente Sun Yat-sen, quien formaba parte de las Tríadas y fue formado por los británicos James Cantlie y Patrick Manson12, encabezó el movimiento para derrocar a la dinastía Qing y sembró los gérmenes de la República china en 1912, con raíces ideológicas moldeadas por Londres.
Más tarde, en 1921, las figuras políticas Chen Duxiu, Zhang Shenfu y Li Dazhao, crearon el Partido Comunista Chino con la influencia de algunos referentes de la Komintern y del británico Bertrand Russell13, descendiente de la línea dinástica de los Médicis. Este último era adepto de la filosofía dialéctica que Moses Hess transmitió a Karl Marx y Friedrich Engels. Fue también el mentor de Mao Zedong y Zhou Enlai en la Universidad de Yale radicada en Pekín14. Este enfoque dialéctico apuntó a crear polos antagonistas de poder en China, cuya confrontación permitía tensionar su clima interno, reconfigurarlo y desdibujar la trama de subordinación que encerraba el país. La vigencia del mismo esquema dialéctico en la actualidad tiende a indicar que las élites chinas15 siguen estando plenamente encastradas en los círculos de decisión de Londres y Washington.
De hecho, el entramado institucional que une hoy a China con Londres y Washington suma otras evidencias a esta dependencia estructural. Cinco organizaciones chinas sirven de correa de transmisión para dirigir políticamente el “Imperio del Medio” y encuadrar a sus élites. En efecto, el Instituto Popular Chino de Relaciones Exteriores (CPIFA16), la Asociación China para el Contacto Internacional Amigable (CAIFC17), el Instituto de Estudios Internacionales de Shanghái (SIIS18), y la Academia China de Ciencias Sociales (CASS19) se encargan de la formación y el encuadre de las élites chinas, bajo la supervisión de dos entidades angloamericanas: el Instituto Real de Asuntos Internacionales (RIIA o Chatham House20) en Londres y el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR21) en los Estados Unidos. El CPIFA, creado en 1949, es la organización con mayor jerarquía en China. Se presenta públicamente como una herramienta del Ministerio de Relaciones Exteriores y capacita a expertos académicos, políticos y figuras diplomáticas destacadas, así como también a empresarios, según un flujo de actividades relativamente público22. Chatham House fija así las pautas de la política china y la del Partido Comunista. En paralelo, en 1972, poco antes de la modernización de Deng Xiaoping, Londres había impulsado el Comité Gran Bretaña-China (GBCC23) con la idea apenas disimulada de hacer de China un actor global: “Con el tiempo, los chinos se convertirán en una gran potencia. Debemos esperar que, en ese proceso, adquieran la responsabilidad propia de una gran potencia frente al resto del mundo. Su concepción del tiempo es diferente a la nuestra. No debemos olvidar el antiguo dicho chino que afirma que los primeros cien años de cada nueva dinastía son los peores24”.
Otras evidencias están relacionadas con el despliegue del proyecto de Rutas de la Seda (BRI) y la creación de la alianza BRICS. La matriz de la Nueva Ruta de la Seda, que se hizo operativa a partir el año 2013, fue intelectualmente concebida en el marco de la Comisión Trilateral, para luego ser esbozado por Zbigniew Brzezinski en la misma época en la que se estimuló la construcción de China como gran potencia industrial. La dupla norteamericana, formada por Richard Nixon y Henry Kissinger, implementó una política encubierta para impulsar el surgimiento del modelo de apertura de Deng Xiaoping, mediante la transferencia de tecnologías, la estructuración de su industria y la inserción en la Organización Mundial del Comercio. En este sentido, los altos cuadros chinos reconocen ellos mismos25 que la alianza BRICS, formalmente iniciada en 2009, fue una iniciativa de James O’Neill, quien fue el presidente de Chatham House entre 2018 y 2021. En términos financieros, desde el año de su creación en 2013, la industria global y los grandes bancos anglosajones financiaron el proyecto de la Ruta de la Seda por un valor cercano a 10 billones26 de dólares, sin contar la participación de los bancos chinos.
Estos elementos tienden a ser resaltados por los niveles de colaboración que existen actualmente entre Pekín y Washington en materia de investigación y desarrollo de tecnologías. En la última década, cerca de 46.000 artículos científicos27 fueron coescritos por Pekín y Washington sobre el tema de la inteligencia artificial, mientras que los unicornios de la Silicon Valley han ido cooperando directamente con sus homólogos en China28. Otros informes recientes señalan que los fondos federales de investigación de los Estados Unidos contribuyeron a hacer progresar las metas estratégicas de la China29, en particular en materia de tecnologías críticas de los sectores del armamento, la inteligencia artificial, la energía nuclear y los semiconductores. En varios aspectos, estos niveles de cooperación superan los lazo de colaboración que se pueden observar al interior del bloque euro-atlántico. Diversos artilugios narrativos permitieron opacar esta cooperación, entre ellas la capacidad china para infiltrar o practicar el espionaje del aparato industrial occidental.
La ontología americana
La superestructura capaz de llevar adelante este diseño conflictivo en China no es ajena a la formación de las Américas a partir del siglo XV. La expansión del Nuevo Mundo, a partir de las conquistas hispánicas, movilizó este mismo esquema dialéctico con numerosas variantes hasta los tiempos actuales. Dos dinámicas se destacan en el largo plazo: el diseño del área hispanoamericana como espacio controlado por las dinastías romano-británicas; la formación de los Estados Unidos como una entidad subordinada a estas mismas dinastías para ser convertida en potencia continental y global.
En el caso de Iberoamérica, la promiscuidad entre las aristocracias hispánicas y británicas es un hecho central y ha sido una constante en la historia. La falta de análisis de esta dimensión permitió reducir la percepción de la expansión del Nuevo Mundo a un hito meramente hispánico. Lo fue en el plano bélico, demográfico, religioso, cultural e infraestructural, los actores hispánicos siendo los principales arquitectos de esta expansión. Pero no lo fue en términos ontológicos y de diseño político ya que el área hispánica era un vasallo no declarado de la aristocracia londinense. En los hechos, España, cuyo nombre derivó de la zona ibérica del dominio romano llamada Hispania, siempre fue vinculada a la órbita de las dinastías que lideraron la creación del Imperio romano, después de la fundación de Britania y de Nueva Troya por Brutus en 1200 a.C., convertida luego en Londinium y Londres. Las expediciones hacia América fueron realizadas por integrantes del Orden del Templo (Templarios30), con Cristóbal Colón a la cabeza, mediante el financiamiento de Cosme de Médici31 y de la rama sevillana de la familia Centurión32. Este orden había sido formado en el siglo XII por los Médicis que descienden de la línea carolingia de Carlomagno33, soberano inicial del Sacro Imperio Romano Germánico. El primer Imperio romano había sido fundado por Romulus en 750 a.C., desde Nueva Troya en Britania, mientras el Sacro Imperio nació en el siglo X de la mano de la misma dinastía romano-británica creadora de Britania. En España, los reyes de Castilla, Aragón, Barcelona, León, Navarro y Portugal eran parte del linaje de Carlomagno34. A fin de cuentas, las élites europeas constituían un círculo etnopolítico relativamente homogéneo y coordinado, recurriendo a estrategias dialécticas para disimular esta cohesión, instrumentalizar el conflicto a su favor y emprender aventuras expansivas.
Distintas secuencias ilustran este juego dialéctico. En 1453, la caída de Constantinopla de la mano del Imperio otomano es teatralizada entre ambos campos para simular la caída del Imperio romano bizantino35. Este último desaparece formalmente, pero se mantiene como infraestructura informal con un centro neurálgico en Londres. En el campo religioso, la formación de la Compañía de Jesús en la Iglesia católica surge de la mano del Papa Paulo III, Alessandro Farnese, en aras de explotar el conflicto deliberadamente creado con el protestantismo e involucrarse en los territorios conquistados de Iberoamericana36. El rol de los Jesuitas ha sido central para administrar un territorio muy extenso y facilitar la “fabricación social” de una Amerindia. En el siglo XIX, las guerras napoleónicas marcaron un punto de inflexión en el ciclo de independencia de Iberoamérica, así como también su ciclo de guerras civiles. Napoleón pateó el tablero militarmente en Europa en un momento donde el iluminismo y el nacionalismo llegaban a su madurez para substituir a las formas imperiales. La revolución liberal, propagada por próceres afines a la masonería y la escuela de pensamiento liberal37, fragmentaron luego Iberoamérica para convertirla en un conjunto de repúblicas integradas en ese orden. Por último, más cerca de hoy, el esquema dialéctico fue desplegado después de 1945 con la difusión en todo el continente de la lucha revolucionaria castro-comunista, resignificada en “socialismo del siglo XXI” después de 1990. La mayoría de las facciones revolucionarias beneficiaban del apoyo de Washington y Londres38, al igual que los regímenes socializantes que se declaraban contrarios a la postura capitalista e imperial de los Estados Unidos. Estas polarizaciones conflictivas permitieron llevar adelante una verdadera remodelación política y económica de Iberoamérica conducidas en el largo plazo y mediante distintas secuencias39 (inclusive en tiempos de democracia), sin que esta estrategia de mayor profundidad haya sido percibida.
En el caso de los Estados Unidos de América, su trama fundacional remite también a elementos similares de la matriz dialéctica. Aguas arriba, la creación de los Estados Unidos a partir de las Trece colonias en 1776 fue promovida por un puñado de revolucionarios templarios40 y masones de la Gran Logia de Inglaterra41, cuya formación remite a la iniciativa de los Templarios en 171742. Algunos de ellos se habían involucrado en la Compañía Virginia durante la colonización previa, en conexión directa con las grandes compañías de librea de Londres43. La creación de la federación de Estados fue así anclada a Inglaterra, en particular a la cabecera romano-británica44 denominada The Crown Temple, formada en 1185 a iniciativas de los Médicis. El Tratado de París ratificó oficialmente esta dependencia en 1783, junto con la interiorización del derecho romano45 en la armadura constitucional que se esbozó entre 1787 y 1789. Este tratado no ha sido reformado ni anulado hasta la fecha, mientras los episodios sucesivos de guerra civil eran orquestados como guerras dialécticas donde cada campo en pugna era apoyado por Londres46.
En términos etnopolíticos, George Washington desciende de la línea del Duque de Lancaster y de Guillermo I de Inglaterra, mientras Thomas Jefferson y James Madison proviene de la línea dinástica de Eduardo III de Inglaterra, ambas líneas siendo parte de la alta cúpula británica. Alexander Hamilton era miembro del Orden del Templo y formó el primer banco de los Estados Unidos en 1791, afiliado a la cabecera de la superestructura londinense47. De hecho, Inglaterra no dejará de financiar estructuralmente los Estados Unidos entre 1776 y 191448, y posteriomente a 1945, mucho más allá de cualquier intencionalidad de reducir el predominio de Washington.
A principios el siglo XX, los británicos fundaron la Sociedad de los Peregrinos (Pilgrims Society) con el objetivo de fomentar un condominium anglófilo entre las élites estadounidenses y londinenses49. Otros círculos creados fueron el de Rhodes-Milner y el de Skull & Bones50. Las familias Rockefeller, Schiff, Warburg, Morgan, Aldrich, Mandell House, Taft, Roosevelt, Wilson y Henry Ford integraron esta trama de influencia británica en Washington, generando un esquema semejante al que describimos en el caso de China. Estas familias, junto con Edward Mandell House y William Wiseman, entonces jefe del MI6 inglés en los Estados Unidos, coordinaron en 1913 la desestabilización financiera que resultó en la creación de la Reserva Federal51 (FED). En términos jerárquicos, la entidad más significativa en las Américas fue y sigue siendo el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), cuya concepción resultó de la Conferencia de Paz en París en 1919, de la mano del círculo creado por Cecil Rhodes y Alfred Milner, así como también de Edward Mandell House52 de la Sociedad Fabiana. Creado un año después de Chatham House, el Consejo de Relaciones Exteriores se convirtió así en la herramienta tutelar de los Estados Unidos y desempeño un papel central para hacer del país una potencia continental y global53.
Este modus operandi, combinando estrechamente generación de crisis y conflictos, diseño del sistema internacional y encuadre de las élites, siguió una lógica a la vez super e infraestructural. Se desarrolló por un lado mediante el control sobre los Estados-naciones desde un núcleo de poder etnopolítico ubicado en Londres, por otro a través del diseño de reglas y mecanismos en el sistema internacional que estaba emergiendo. En ese marco, la génesis del sistema internacional contemporáneo con el protagonismo principal de los Estados Unidos posee una larga génesis conceptual. Es orientada en primer lugar por distintas corrientes filosóficas monistas y materialistas, en las cuales se destacan Spinoza, Immanuel Kant, Paul Carus, Alexander Bogdanov, Hermann Cohen o Karl Marx. Fue alimentada sobre todo a finales del siglo XIX por un grupo de pensadores anglosajones en el marco del proyecto que algunos británicos llamaron el “tercer imperio británico54”, a saber la concepción de un entramado global capaz de proyectar los intereses romano-británicos en las reglas del sistema internacional55. En términos de poder, este proyecto materializó una transición del puro dominio colonial a una arquitectura abstracta que operaba desde el control económico y cognitivo mediante una malla de mecanismos de gobernanza económica y planes de estabilización monetaria. De este modo, Londres se posicionó de manera sigilosa en el centro de un sistema en el que las decisiones se iban a “engramar” en las normas técnicas y el consenso de los expertos. El Instituto Real de Asuntos Internacionales es el organismo en el epicentro de esta arquitectura. Se apoyó en los trabajos conceptuales de Alfred Zimmern, Lionel Curtis56, Bertrand Russel o George Bernard Shaw57. A fines del siglo XIX, estos autores entendieron que el predominio podía reformularse mediante un funcionalismo encubierto, es decir mediante una matriz internacional regida por un marco programático dotado de reglas y procedimientos comunes. Las primeras bases de este sistema fueron esbozadas por Leonard Woolf58, para luego ser introducidas en la Liga de las Naciones en 1919, con un primer cuerpo de organismos internacionales al salir de la Primera Guerra mundial. John Maynard Keynes completó este marco59 en el campo macroeconómico para llegar finalmente a la arquitectura moderna que fue pactada en Bretton Woods en 194460.
En los dos casos particulares de China y las Américas, cabe observar que esta matriz ampliada no ha sido registrada por la mayoría de historiadores latinoamericanos y los estrategas. Tal ausencia de percepción se explica por lo menos por dos factores causales. Primero porque se trata de un andamio sigiloso que construye una realidad dual y borra las huellas de sus maniobras. El sigilo se obtiene mediante la instalación de una dualidad, es decir mediante la fabricación de una realidad donde caben dos (o más) lógicas que encadenan los hechos. La interpretación ortodoxa de estos hechos, observable desde una lectura materialista clásica, se guía por las fricciones y correlaciones de fuerza que existen efectivamente en el escenario, pero que encubren un esquema orquestado y reificado. Otra versión heterodoxa, de mayor profundidad y sigilo, trabaja precisamente en la orquestación de los actores y la fragmentación del tablero estratégico.
En segundo lugar, porque esta arquitectura trabaja constantemente para moldear las percepciones y sesgar los marcos de interpretación desde un arco muy extenso, abarcando el campo de las ontologías y de la producción de conocimientos61. Tanto el Consejo de Relaciones Exteriores como Chatham House en Londres, así como también muchas otras organizaciones afines, producen así cuerpos doctrinarios, marcos conceptuales y redes de formación a nivel continental que cimientan estos sesgos según una lógica de cerco cognitivo62.
Geometría dialéctica
China y los Estados Unidos forman parte, entonces, de un esquema dialéctico que opera en el marco de una misma unidad estratégica orquestando ambas potencias. Para la primera, la misión asignada es hoy de aumentar su potencia y contestar el monopolio de poder construido por el eje liberal desde 1945. Para la segunda, se trata de reducir relativamente su rol de árbitro internacional y mantener su papel de defensor de la institucionalidad democrático-liberal. Los casos recientes de Ucrania, Venezuela y de la guerra en Irán dan una muestra de eso. En este contexto, es importante resaltar que China no fue constituida a partir de 1911 para ser un polo antagónico efectivo al bloque capitalista liberal. Tampoco fue empujada para librar una verdadera batalla ideológica o geoeconómica sobre sus adversarios. Las evidencias muestran que fue concebida para establecer una nueva potencia geopolítica y una plataforma industrial capaz de igualar y superar paulatinamente los Estados Unidos. Mediante el sistema comunista, su sustrato identitario e ideológico selló una variante estatal-socialista que condujo en definitiva a una misma trama de monopolio que el modelo del capitalismo liberal, si bien existen naturalmente muchos matices operacionales entre ambos modelos. Esto nos reenvía al mismo punto de génesis ideológica que hemos señalado y que forjó tanto la armadura liberal que su supuesta alternativa materializada en el socialismo y el marxismo.
Tras el periodo de normalización posterior a la Guerra Fría y el crecimiento geoeconómico vinculado al ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001, un ciclo de tensiones se activó entre Pekín y Washington. La disputa comercial iniciada por el primer gobierno de Donald Trump a partir de 2017, mediante barreras arancelarias, restricciones tecnológicas (Huawei, semiconductores) y otras sanciones, se superpuso con la designación de China como competidor estratégico. Esto dio lugar a un esfuerzo de contención que continuó durante el gobierno demócrata de Joe Biden y que se acentuó durante el actual mandato republicano. Lógicamente, el cuadro actual coincide con una agenda de tensiones crecientes, acompañada de ciertos niveles de fragmentación en el marco de las fricciones administradas entre las dos potencias.
Tres consecuencias disruptivas surgen de este escenario dialéctico. La primera es que este esquema invalida la existencia de una transición de orden internacional fuera de la geometría unipolar y hegemónica. Esta transición post-hegemónica existe en ciertos estratos de relaciones internacionales en el caso de los Estados Unidos. Pero no existe en el espectro completo de poder a nivel de la superestructura que tutela ambas naciones. El unipolarismo que se cristalizó en la potencia estadounidense durante el siglo XX respondió a la meta de diseñar el sistema internacional y encubrir el predominio mayor de la superestructura que dominaba a Pekín y Washington y que las involucraba en una arena dialéctica. Las dos potencias se encastran en esta estructura que trunca su naturaleza política y soberanía. Por lo tanto, carecen de autonomía geopolítica y están instrumentalizadas en el marco de un orden internacional fundamentalmente dual. Esta dualidad sigue totalmente vigente en la medida en que no hubo rupturas manifiestas, desde el momento de su génesis republicana hasta la fecha y de parte de las élites de los Estados Unidos y China, para romper o exponer esta dependencia tutelar. Lo que toma la apariencia de una bipolaridad se relaciona en realidad con el esquema de fricciones administradas, que son efectivas y pueden ser inclusive violentas, pero no fehacientes respecto a la unidad programática subyacente.
La apolaridad o la multipolaridad son también conceptos invalidados y contribuyen a encubrir el mismo esquema dialéctico. Estos dos conceptos resultan aún más anacrónicos a sabiendas de que Rusia, India, Brasil y Sudáfrica, integrantes de los BRICS, son también potencias intervenidas por la misma superestructura (no podemos ahondar en este tema debido a la extensión limitada de este texto). En este marco, el equilibrio bipolar consiste en generar un juego de fricciones donde se modula el nivel de confrontación según las metas estratégicas buscadas por la superestructura, su expresión máxima siendo la de un conflicto abierto directo o de conflictos indirectos mediante aliados. Una lectura retrospectiva indica, sin embargo, que el conflicto abierto o a ultranza tiende a no ser la meta principal en este tipo de maniobras en la que se trata más bien de explotar el conflicto en una perspectiva de reconfiguración y predominio.
La segunda consecuencia es que el carácter dual de esta agenda, materializado gracias a la introducción de “dos realidades” entramadas, una fabricada y aparente, otra verdadera y sigilosa, constituye el mecanismo estratégico que permite a la vez desorientar y alinear a los demás actores en torno a una misma hoja de ruta programática. En efecto, el tablero superficial creado por esta arquitectura hace visible a la vez una trama de interdependencias (Chinamérica63) y una trama de competición creciente entre ambas potencias. Hemos recalcado que algunos elementos de competición existen, resaltados desde los años 2010 por una actitud retóricamente más contestataria de China. La disimulación de la agenda de mayor profundidad habilita entonces la inmersión de los demás actores en una falsa dicotomía perceptiva. Esta última no genera solamente un sesgo perceptivo, sino la imposibilidad de interpretar conceptualmente el juego estratégico en su profundidad y la naturaleza de los actores en pugna, dejando a las élites nacionales en una desorientación intrínseca. Una muestra de eso en Iberoamérica radica hoy en día en que los abordajes principales respecto a la inserción internacional y al duopolio sino-americano oscilan en torno a tres grandes modalidades de inserción: el americanismo liberal, el oportunismo multipolar y pragmático, el regionalismo autónomo y no-alineado. Cualquiera de estos tres imaginarios termina siendo funcional al esquema dialéctico descrito. El tercero, en principio, podría ser sinónimo de un menor grado de dependencia. Pero tiende a pasar por alto la infraestructura de predominio codificada en las reglas del sistema internacional después de 1945, y sobre todo la dependencia cognitiva que se encuentra profundamente anclada al interior de los países de la región, la cual permite alinear los comportamientos con la superestructura tutelar.
La tercera consecuencia, por último, tiene que ver con la reformulación de la gramática “westfaliana”. El marco conceptual de las relaciones internacionales aborda el espacio transnacional como el flujo dinámico de intereses buscados por unidades estratégicas que rivalizan entre sí, cooperan y se confrontan. El nivel superestructural que describimos deshabilita parte de esta lógica y la resignifica. Esto se aplica también para el ámbito político o económico en la medida en que cualquier escenario organizativo puede ser diseñado de forma dual para ocultar parte de su funcionamiento. Dicho de otro modo, Washington y Pekín no desarrollan puras políticas de aumento de potencias o de proyección de poder arraigadas en su referencial identitario y nacional. Su actuar combina una lógica visible y encubierta que altera en permanencia la transparencia del tablero estratégico. De este modo, China y los Estados Unidos, al igual que otros estados, despliegan sus proyecciones respondiendo esencialmente a los intereses de la superestructura londinense. Esto implica una considerable ampliación del espectro ontológico y conceptual de las relaciones internacionales. Dado que esta ampliación es inexistente hoy en día en la esfera académica o gubernamental, se ha ido generando un considerable desfasaje conceptual que termina favoreciendo la agenda dominante.
Convergencia unipolar
La transición de fisionomía de poder observable en el tablero global desde aproximadamente hace cuatro décadas remite entonces a un designio dialéctico administrado por la superestructura romano-británica. Ahora bien ¿qué finalidad puede tener este cambio de geometría? ¿Cuáles pueden ser las metas finales o intermediarias del esquema dialéctico y de su rumbo subyacente? No son cuestiones fáciles de responder ya que tienen que ver con elementos no explícitos y especulativos. No obstante, algunos elementos pueden ser problematizados tanto a la luz de la historia larga que de la actualidad.
En primer lugar, existe una serie de elementos que evidencian una convergencia programática en la agenda de cada bloque geopolítico. Por un lado, los Estados que se adoptaron el capitalismo socializante durante el siglo pasado han mantenido un nivel de control estatal y de adhesión a los acuerdos internacionales sobre el clima y el desarrollo (Agenda 2030, Objetivos de Desarrollo Sustentable). En los hechos, China, Rusia, Irán, Corea del Norte, junto con India, Brasil, África del Sur y otros países occidentales, promueven un horizonte de gobernanza compatible con el marco de referencias establecido en la institucionalidad de Bretton Woods. Este horizonte se fundamenta en la idea de una gestión conjunta del planeta, considerado en estado de crisis ecológica y con necesidad más apremiante de un orden regulador. Por otro lado, el concepto de protección del “bien común”, presente en la proyección china con la idea de “comunidad global de destino compartido” y en la occidental con la noción de “mundo sostenible”, galvaniza la legitimidad de un orden global cogestionado64. En este contexto, las crisis se abordan en ambos campos como medio privilegiado – y encubierto – para forzar reglas a la sociedad desde arriba65, lo cual nos remite directamente a la gramática dialéctica vista más arriba. La reestructuración necesaria para avanzar hacia este orden compartido recurre tanto al conflicto que a modos de gobernanza y desarrollo que conllevan un avance cualitativo en materia de control y de integración entre políticas sectoriales.
En segundo lugar, la cooperación dialéctica entre Pekín y Washington dibuja una Pax americana en transición hacia una Pax sino-angloamericana, en el telón de fondo de antedicha convergencia. Este condominio sino-americano existía en realidad mucho antes ya que ambas potencias trabajaban para una agenda común desde el primer cuarto del siglo XX. Pero el cambio actual de fisionomía general del tablero y del peso geopolítico de China imprime otro equilibrio. China aparece más firmemente como un competidor contestatario del orden liberal, capaz de construir alianzas con todo el espectro político de la región latinoamericana. A partir de los años setenta, China asumió el papel de nueva plataforma industrial global en la perspectiva de constituir un polo pseudo-antagonista a Londres y Washington para desempeñar, desde los años 2000, importantes iniciativas a escala global tales como la Organización de Cooperación de Shanghái (1996), la Ruta de la Seda (2013), la Iniciativa Global de Seguridad (2022) y la Asociación Económica Integral Regional (2023). En el campo “rival”, los Estados Unidos habían establecido una Pax americana hemisférica a partir de la guerra hispano-americana en 1898 y la proyección hemisférica de James Monroe66. Con el auge de China, Washington manifestó señales de “distracción” estratégica67 y de aceleración de su propio declive68. El fiasco politico-militar posterior a la aventura militar de 2003 en Medio Oriente consolidó esta tendencia69. Es posible inclusive identificar una reducción deliberada de influencia de la potencia norteamericana en Iberoamérica a favor de China. En efecto, Washington favoreció de forma sigilosa la expansión de China en la región, con tres casos particularmente demostrativos en Panamá70, Brasil71 y Argentina72. Este juego encubierto de vasos comunicantes entre ambas potencias forjó al final un entorno perceptivo que incentivó la transición hacia un equilibrio sino-angloamericano en el telón de fondo de un pseudo-reflejo supremacista de Washington durante los últimos gobiernos republicanos.
La subordinación de Pekín y Washington a la misma superestructura etnopolítica indica que este balanceo remite ante todo a una modulación geopolítica entre ambas potencias. China acumuló mayor presencia en la región latinoamericana gracias a su agenda expansiva y mediante una colaboración estadounidense directa condimentada por una reducción intencional de su predominio. El reordenamiento actual del sistema monetario, en términos de desdolarización, caída del petrodólar y crisis financiera en curso, forma parte de este balanceo hacia Asia. La radiación de Pekín no alcanza todavía la de Washington, pero marca claramente un antes y un después en materia de peso financiero, comercial y por ende político73. El entorno hemisférico que va tomando forma es entonces el de un condominio sino-angloamericano que pone en el tapete un nuevo horizonte de depredación y convergencia programática.
La realidad interna a los países latinoamericanos refleja este patrón estratégico. Brasil, cuyas élites siguen profundamente influenciadas por Washington74, se polarizó políticamente entre sectores que marcan una dicotomía retórica entre China y Washington, pero que desarrollan lazos concretos con ambas potencias. En Argentina, el gobierno de corte liberal que asumió en 2023, no constituyo una alternativa real a la matriz socializante del país austral y trabaja mancomunadamente con China y los Estados Unidos75, en contraste con una narrativa polarizadora. México76, Nicaragua77, Perú, Bolivia, Venezuela o Chile dan muestras también de semejantes escenarios polarizados78 y se ven empujados, a raíz de las oportunidades económicas o de la pasividad activa de Washington, a participar en la agenda china79, al mismo tiempo que siguen dependiendo de Washington. Las posturas de no alineamiento respecto al condominio sino-angloamericano existen en el plano discursivo. Pero los niveles de contradicción indican por ahora que se integran plenamente en el diseño dialéctico que describimos.
Conclusión
Muchos elementos indican que una nueva etapa histórica se va afianzando en la región latinoamericana. La reducción de su relevancia geopolítica en un escenario global más centrado geopolíticamente en Asia, en sinergia con la retracción relativa de los Estados Unidos y la expansión de China, ha modificado el paisaje continental. El panorama en formación no es la de una arena multipolar capaz de ofrecer proporcionalmente nuevas oportunidades de crecimiento para la región iberoamericana. La fase actual es sinónima de una etapa unipolar en vía de aceleración, avanzando bajo el velo cognitivo de una “bipolaridad apremiante”. Esta fase unipolar es ofensiva en la medida en que trabaja doblemente para introducir desestabilizaciones en el tablero regional y global y profundizar una matriz de depredación y control.
En el fondo, este panorama no está en ruptura con las dinámicas históricas de largo plazo. La mirada profundizada que hemos realizado subraya una continuidad histórica en la arquitectura de poder que es realmente inédita en el plano estratégico. Pero sí existe nuevos elementos en el segmento superior del tablero geoestratégico donde se ven claramente un reequilibrio de protagonismo entre China y los Estados Unidos.
Uno de los temas mayores y si se quiere trágicos, sin embargo, permanece el de la ausencia de percepción de esta geometría. Ahí precisamente radica uno de los aspectos medulares de este arte estratégico. No se percibe que la fabricación de China y del arco occidental como dos bloques aliados y aparentemente rivales responde a un designio geopolítico. La formación del Nuevo Mundo fue producto por esencia de este arte estratégico sellado por el núcleo de poder romano-británico. Lo mismo ocurrió más tarde en China, al momento de su modernización republicana en 191180, la cual fue instrumentalizada construir una nueva plataforma industrial a expensas de la reducción de la industrialización de otros países desarrollados (Europa) o en proceso de desarrollo. Ayer y hoy en día, la inteligencia estratégica que se elabora en muchos círculos gubernamentales y académicos deja “huérfana” a esta arquitectura en materia de recursos conceptuales y explicativos. Esta trama, trabajando en permanencia sobre una compartimentación artificial entre la imagen deformada del tablero global y la agenda efectiva de las potencias, sigue siendo un “objeto no identificado”. La compartimentación fragmenta la inteligibilidad de la realidad, impidiendo in fine discernir la naturaleza profunda del juego estratégico. En consecuencia, la mayor parte de los actores que gravitan en el ámbito de las relaciones internacionales, aunque entienden ciertas dimensiones del combate cognitivo, no logran resolver este entramado e interpretan las fricciones visibles como si fuesen una expresión fidedigna de la realidad geopolítica. Esta desorientación los empuja fuera de la puja estratégica real y perpetúa además la contención mental diseñada por los arquitectos del dispositivo.
Referencias bibliográficas
- 1. Kalimtgis, K., Goldman, D., Steinberg, J. (1978). Dope Inc. Britain’s Opium War against the US. The New Benjamin Franklin House Company.
- 2. Beeching, J. (1977). The Chinese Opium Wars. Harcourt Brace Jovanovich.
- 3. Wells, A. (2001). The Political Thought of Sun Yat-sen. Palgrave MacMillan.
- 4. Vrhovski, J. (2021). Mr. Luosu and “China’s Road to Freedom”: A General Introduction to Russell’s Visit to China (1920-1921). In J. Vrhovski, & J. Rosker (Eds.), Bertrand Russell’s Visit to China: Selected Texts on the Centenary of Intercultural Dialogues in Logic and Epistemology (pp. 21-58). University of Ljubljana Press.
- 5. Paisley, John. 2020. Bertrand Russell and China During and After His Visit in 1920. Master’s thesis, Harvard Extension School
- 6. Feigon, L. (1983). Chen Duxiu. Founder of the Chinese Communist Party. Princeton University Press.
- 7. Fortin, C., Heine, J., Ominami, C. (2021). El no alineamiento activo y América Latina: una doctrina para el nuevo siglo. Catalonia.
- 8. Roberts, P. (2017). Bringing the Chinese Back In: The Role of Quasi-Private Institutions in Britain and the United States. In P. Roberts, O.A. Westad (eds.), China, Hong Kong, and the Long 1970s: Global Perspectives, Cambridge Imperial and Post-Colonial Studies Series.
- 9. Soulard, F. (2026). Combatir en el Nuevo Mundo. Dunken.
- 10. US House Select Committee on the Chinese Communist Party (2024). CCP China on the Quad. How American taxpayers and Universities fund the CCP’s advanced military and Technological Research. https://chinaselectcommittee.house.gov/media/reports/ccp-on-the-quad-how-american-taxpayers-and-universities-fund-the-ccp-s-advanced-military-and-technological-research
- 11. Shambaugh, D. (2002). China’s International Relations Think Tanks: Evolving Structure and Process. The China Quarterly.
- 12. Sutton, A. (1995). Trilaterals over America. CPA Books Inc.
- 13. Mao Zedong, Skull & Bones, and the Russell family. https://goldennuggiez.substack.com/p/mao-zedong-skull-and-bones-and-the
- 14. Systems of Deception https://escapekey.substack.com/p/systems-of-deception
- Amin, S. (2006). Beyond US Hegemony? Assessing the Prospects for a Multipolar World. World Book Publishing.
- Stuenkel, O.D.C (2023). Latin America in The Post-Western World. In: Fortin C, Heine J, Ominami C, eds. Latin American Foreign Policies in the New World Order: The Active Non-Alignment Option. Anthem Press; 2023:123-132.
- Cattafi, C., Papp, R. (2025). Can Latin America play a more influential role in a shifting world order? In : Front. Polit. Sci. 6:1527715. doi:10.3389/fpos.2024.1527715
- Fortin, C., Heine, J., Ominami, C. (2021). El no alineamiento activo y América Latina: una doctrina para el nuevo siglo. Catalonia.
- Riggirozzi, P., Tussie, D. (2012). The rise of post-hegemonic regionalism : the case of Latin America. Springer.
- Hirst, M., Russell, R., Sanjuan, A.M., Tokatlian, J.G. (2024). América Latina y el Sur Global en tiempos sin hegemonías. In : Barragán, M., Sribman, A., Geopolítica desde América Latina: cambio de ciclo y multipolaridad. Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.º 136, 2024.
- Soulard, F. (2026). Combatir en el Nuevo Mundo. Dunken.
- Stuenkel, O.D.C (2023). Ibid.
- Kiryakova, E., Jackson, K., Nadin, R. (2026). China’s economic footprint in Latin America and the Caribbean. Research report. ODI. https://odi.org/en/publications/chinas-economic-footprint-in-lac
- Kalimtgis, K., Goldman, D., Steinberg, J. (1978). Dope Inc. Britain’s Opium War against the US. The New Benjamin Franklin House Company.
- La política estatal de comercio de drogas fue elogiada por Adam Smith, David Ricardo, Thomas Malthus, James Mill y John Stuart Mill.
- https://en.wikipedia.org/wiki/Patrick_Manson
- Feigon, L. (1983). Chen Duxiu. Founder of the Chinese Communist Party. Princeton University Press.
- 120th Anniversary of Yale-China: Mao Zedong and Yale-China. https://chinahandsmagazine.org/2021/03/26/120th-anniversary-of-yale-china-mao-zedong-and-yale-china
- Chinos premiados por el establishment británico : https://overseaschineseinthebritishempire.blogspot.com/2019/01/british-honours-chinese-recipients-1876.html?m=1
- https://www.cpifa.org
- https://www.caifc.org.cn
- https://www.siis.org.cn
- http://www.cass.cn
- https://www.chathamhouse.org
- https://www.cfr.org
- Por ejemplo https://www.cbbc.org/news-insights/cbbcs-chair-visit-may-2024-summary
- King’s College London (2015). Challenging British Perceptions of China. 50 Years of SACU. Report of Society for Anglo-Chinese Understanding’s 50th Anniversary Symposium. Disponible en https://sacu.org/wp-content/uploads/2017/10/SACU-50th-Anniversary-Report.pdf
- Trevelyan, H. (1971). Worlds Apart. China 1953-1955. Soviet Union 1962-1965. Macmillan.
- Diálogo entre James O’Neil y Liu Jianchao (ministro del Departamento internacional del Comité Central del Partido Comunista de China) sobre la modernización de China y su relación con Occidente (2023) https://youtu.be/3tnflKzq9pk?si=RL4V5TrTb2JzpnMQ&t=2355
- Es decir 1013 USD, el equivalente a un décimo del Producto bruto mundial en un año.
- Chart of the week: How US and China collaborate on AI despite rivalry https://www.thenationalnews.com/future/technology/2025/01/28/china-us-ai-race-deepseek/
- Silicon Valley’s Other China Problem: It’s Training Their AI https://www.forbes.com/sites/annatong/2026/08/05/silicon-valleys-other-china-problem-its-training-their-ai/
- US House Select Committee on the Chinese Communist Party (2024). Ver en la bibliografía.
- Kayserling, M. (1894). Christopher Columbus and the Participation of the Jews in the Spanish and Portuguese Discoveries. Longmans, Green.
- Mediante la familia Bardi https://es.wikipedia.org/wiki/Contessina_Bardi.
- Guidi-Bruscoli, F. (2012). John Cabot and his Italian financiers, In Historical Research, Vol. 85, Issue 229, pp.372–393, https://doi.org/10.1111/j.1468-2281.2012.00597.x
- Heath, T.S. (2012). Florentines’ Claim to Charlemagne. Disponible en https://kimrendfeld.wordpress.com/2012/12/12/florentines-claim-to-charlemagne/
- Russell, P.E. (1955). English Intervention in Spain and Portugal in the Time of Edward III & Richard II. Oxford University Press.
- Ozgul, U. (2019). The Great Eagle. Disponible en https://www.mybeautifulistanbul.com/2019/11/07/the-great-eagle/
- Soulard. F. (2026). Combatir en el Nuevo Mundo. Dunken.
- Rivanera Carlés, F. (2019). La Historia Ocultada. Los Conversos y la Independencia de Hispanoamérica. Centro de Estudios Históricos Cardenal Juan Martínez Silíceo.
- González, S. (2012). La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial. Spooks Books.
- Soulard. F. (2026). Ibid.
- Shoenberger, A.E. (2013). The United States Constitutional History through the Barristers and Political Theories of the Middle Temple Inn of Courtand Political Theories of the Middle Temple Inn of Court. In Journal Jurisprudence Vol. 18, 2013. Disponible en https://ssrn.com/abstract=3655587
- List of presidents of the United States who were Freemasons https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_presidents_of_the_United_States_who_were_Freemasons
- Premier Grand Lodge of England https://en.wikipedia.org/wiki/Premier_Grand_Lodge_of_England
- O’Brien, T.H. (1960). The London Livery Companies and the Virginia Company. In The Virginia Magazine of History and Biography, Vol. 68, No. 2 (Apr., 1960), pp. 137-155.
- The Crown Temple Secret Society of the Third Way Order by Rule of Mystery Babylon. Disponible en https://avalonlibrary.net/The_Crown/The_Crown_Temple.pdf
- Shoenberger, A.E. (2013). Ibid.
- Poe, R. (2021). How the British Caused the American Civil War. Disponible en https://www.lewrockwell.com/2021/12/richard-poe/how-the-british-caused-the-american-civil-war/
- Edwar, M. (2004). The Crown Temple. Disponible en https://archive.fo/gjrbf
- Goetzmann, W.N., Ukhov, A.D. (2005). British Investment Overseas 1870-1913: A Modern Portfolio Theory Approach. Working Paper 11266, National Bureau of Economic Research. Disponible en http://www.nber.org/papers/w11266
- Van der Reijden, J. (2008). The Pilgrim Society. A Study of the Angloamerican Establishment. Disponible en https://www.isgp-studies.com/pilgrims
- Sutton, A.C. (2002). America’s Secret Establishment: An Introduction to the Order of Skull & Bones. Trine Day.
- Griffin, E. (1994). The Creature from Jekyll Island: a Second Look at the Federal Reserve. American Media.
- Shoup, L.H., Minter, W. (1977). Imperial Brain Trust. The Council on Foreign Relations and United States Foreign Policy. Monthly Review Press New York and London.
- Swiss Propaganda Research (2018). The American Empire And Its Media. Disponible en https://countercurrents.org/2018/02/american-empire-media
- Zimmern, A. (1934). The Third British Empire. Oxford University Press.
- Escape Key (2025). The Third British Empire. Disponible en https://escapekey.substack.com/p/the-third-british-empire
- Rood, T. (2024). From The Greek Commonwealth to The Commonwealth of Nations: Zimmern, Curtis, and a Tale of Two Titles. doi:10.1080/23801883.2024.2318304
- EscapeKey. The Cambridge Apostles. Disponible en https://escapekey.substack.com/p/the-cambridge-apostles
- Woolf, L. (1916). International Government. Brentano’s.
- Keynes, J.M. (1936). Teoría general del empleo, el interés y el dinero. MacMillan.
- Escape Key (2025). Bretton Woods. Disponible en https://escapekey.substack.com/p/bretton-woods
- Soulard. F. (2026). Ibid.
- Harbulot, C. (2025). La guerra económica en el siglo XXI. Ciccus.
- Expresión del historiador Niall Ferguson.
- Soulard, F. (2026). Falsa dicotomía y convergencia sino-angloamericana. 4to Congreso Latinoamericano de Estudios Chinos. UNLP, Argentina.
- Bremmer, I. (2022). The Power of Crisis. Simon & Schuster.
- Soulard, F. (2026). Combatir en el Nuevo Mundo. Dunken.
- Kroenig, M., Marczak, J., Cimmino, J. (2024). A strategy to counter malign Chinese and Russian influence in Latin America and the Caribbean. Atlantic Council. Disponible en https://www.atlanticcouncil.org/content-series/atlantic-council-strategy-paper-series/a-strategy-to-counter-malign-chinese-and-russian-influence-in-latin-america-and-the-caribbean/
- West, D. (2013). American Betrayal. St Martin’s Press.
- Chaliand, G. (2018). ¿Por qué Occidente pierde la guerra? Ciccus.
- Soulard, F. (2026). Panamá, compuerta entre dos océanos y tiempos geopolíticos. Disponible en https://dunia.earth/es/panama-compuerta-entre-dos-oceanos-y-tiempos-geopoliticos/
- Carfantan, J.Y. (2023). Le Brésil de Lula, les Brics et……..la Chine. Schizophrénie géopolitique. Disponible en https://www.istoebresil.org/post/le-br%C3%A9sil-de-lula-les-brics-et-la-chine
- Speroni, I. (2026). El camarada Lul Mi Lei. Disponible en https://restaurarg.blogspot.com/2026/04/el-camarada-lul-mi-lei.html
- Aróstica, P., Sánchez, W. (2019). China y América Latina en una nueva fase: desafíos en el siglo XXI. Editorial universitaria, Chile.
- Haines, G.K. (1997). Americanization of Brazil – A Study of U.S. Cold War Diplomacy in the Third World, 1945-1954. Rowman & Littlefield Publishers.
- Speroni, I. (2026). Ibid.
- Santos, C.E. (2026). Más allá del comercio: el poder político de China en México. Disponible en https://expedienteabierto.org/el-poder-politico-de-china-en-mexico
- Farah, D., Meléndez, J. (2026). Por qué Nicaragua es una amenaza hemisférica. Expediente abierto. Disponible en https://expedienteabierto.org/por-que-nicaragua-es-una-amenaza-hemisferica/
- Aróstica, P., Sánchez, W. (2019). Ibid.
- Albright, Z., Telias, D., Long, T. (2025). Latin American small states in the Belt and Road Initiative: Narrating status amidst US-China tensions. In Cambridge Review of International Affairs, 1–27. https://doi.org/10.1080/09557571.2026.2637109
- En realidad mucho antes desde la época de los Mongoles.






